Javier Herrera Borunda

A nivel global México ocupa el segundo lugar en riqueza de reptiles, el tercero en mamíferos, el cuarto en anfibios, el quinto en plantas vasculares y el octavo en aves; alberga cerca del 10% de las especies registradas en el mundo. En nuestro territorio se presentan casi todos los climas del planeta, lo que permite que prácticamente se desarrollen todos los ecosistemas terrestres existentes en él.

Nuestra biodiversidad está también presente en los 11 mil kilómetros de costas que limitan nuestro territorio y en el mar patrimonial al que tenemos derecho y que se estima en 231,813 kilómetros cuadrados. La biodiversidad marina se ve incrementada con un mar exclusivo, el Golfo de California, de gran diversidad biológica y alta productividad marina. Nuestra nación cuenta también con un número importante de especies endémicas.

México está considerado en la clasificación mundial como un país megadiverso y ocupa el tercer lugar global en biodiversidad. El compromiso y la responsabilidad que implica conservar en estado óptimo esta extraordinaria riqueza de seres vivos para el disfrute y uso racional de las nuevas generaciones, nos obliga a luchar por el respeto irrestricto a su sustentabilidad en todos los planes de desarrollo que a nivel federal, local o municipal se emprendan.

La administración actual, dirigida por el presidente Enrique Peña Nieto, ha prestado especial atención a los temas relacionados con las consecuencias del cambio climático y la protección al medio ambiente. Una de las premisas fundamentales del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 es el impulso al desarrollo sustentable.

En este contexto, México será sede de la decimotercera Conferencia de las Partes en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP13), la octava del Protocolo de Cartagena y la segunda del Protocolo de Nagoya, cuyas actividades se realizarán del 4 al 17 de diciembre en la ciudad de Cancún, Quintana Roo.

El tema central de la reunión será la conservación y el uso sustentable de la biodiversidad en los planes sectoriales e intersectoriales con especial énfasis en los sectores agrícola, forestal, pesquero y turístico.

El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) tiene su origen en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, conocida también como Cumbre de la Tierra o Cumbre de Río de Janeiro 1992. En ese marco también fueron adoptadas las convenciones marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y la Lucha contra la Desertificación, conocidas como “Convenciones de Río”.

En el Partido Verde Ecologista de México uno de los principales objetivos que nos mueve es la lucha incondicional al respeto medioambiental. Así, el martes pasado sostuvimos una reunión en la que el tema central fue avanzar y modernizar la legislación nacional sobre la salvaguarda de nuestra biodiversidad. La propuesta incorpora el Protocolo de Nagoya, del cual México es país firmante y al día de hoy no hemos regulado en leyes sobre el particular.

En la reunión participamos la senadora Ninfa Salinas Sada, representante en la Cámara de Senadores de nuestro instituto político y presidenta de la Comisión de Medio Ambiente en la misma, quien dirige la Iniciativa de Ley de Biodiversidad; los presidentes de las comisiones de Cambio Climático, Medio Ambiente, Agua Potable y Recursos Hidráulicos de la Cámara de Diputados, un servidor como vicecoordinador de la bancada del PVEM y el secretario ejecutivo del CDB, Braulio Ferreira de Souza.

Uno de los resultados de este encuentro fue la creación de un grupo de especialistas para trabajar sobre esta iniciativa de ley que busca actualizar los conceptos y abrogar la Ley de Vida Silvestre incorporando de manera íntegra su texto a la nueva Ley de Biodiversidad. Uno de ellos que es sustantivo es el de “bioética de manejo”, que sustituye al de bienestar animal al contemplar los principios de una conducta más apropiada del ser humano respecto de la vida animal y vegetal respetando condiciones medioambientales para su desarrollo.

Otro punto de vital importancia es el reconocimiento y fortalecimiento de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad dotándola de más recursos, autonomía y autoridad sobre la materia.

Cabe destacar que en este trabajo legislativo hemos recibido la riqueza de los conocimientos que aporta la Academia. Nuestra intención al participar en la COP 13 es escuchar la valiosa experiencia de todos los países y expertos para poder diseñar una legislación de vanguardia, asumiendo nuestra responsabilidad global, como país megadiverso.

Un tema central será incorporar y regular lo que maneja el Protocolo de Nagoya sobre la riqueza genética de las especies, con objeto de poder regular con certeza quiénes tienen la titularidad de la misma, cómo se pueden beneficiar los pueblos originarios de ese riqueza y poder regular su sustentabilidad.

herrera.Borunda@gmail.com