Lic. Guillermo Ingram

Miren, a partir de ayer comenzó el conteo regresivo de los días que faltan para mi cumple-menos. Y no crean se me ha olvidado lo del Mercedes Benz, lo malo es que entre más viejo se torna uno más exigente se vuelve y ahora ya no quiero un modelo deportivo, que me haría ver mal, sino que debe ser un sedán cuatro puertas con los asientos traseros un tanto amplios y cómodos para poder ir leyendo en forma por demás entretenida.

QUIEN LES MANDA NO HABERLO HECHO A TIEMPO

Ustedes se lo buscaron por no haber realizado la coperacha a tiempo. Pues que conste llevo mínimo como 20 años solicitando lo mismo, por lo tanto, ahora se amuelan, pues con el gasolinazo y consecuente devaluación la unidad ya debe de costar más cara. Por lo tanto, ahora, tanto el Padre Arturo, así como el señor Doctor Juan Romero deben trabajar el doble para lograr la debida recaudación para que el próximo diez de febrero esté yo estrenando mi flamante “Meche” o de perdido un BMW ¡Ni más ni menos! Y como una de las que siempre me están gastando bromas al respecto es mi gran amiga Irene Ortega, estoy pensando seriamente nombrarla Presidenta del Patronato Pro Mercedes para el Lic. Ingram, en lugar de Juanito “El Terrible”.

¡NUNCA CREÍ LLEGAR A TAN ESPELUZNANTE Y LEPERÍSIMA EDAD!

Cumplo nada más y nada menos que ¡¡¡63 espeluznantes años!!! En serio, que cuando infante y adolescente jamás creí llegar hasta esta edad, no me veía en calidad de integrante de la Tercera Edad. Y que conste no tengo nada en contra de ella, pues por lo regular todos mis grandes amigos fueron siempre mucho mayores que yo, pero fue además de gratificante muy agradable, pues todos ellos gozaron de enorme sabiduría y pude aprender mucho de ellos.

Hoy, prácticamente mis amigos vienen a ser contemporáneos míos, aunque eso sí, la enorme mayoría de ellos son más preparados y cultos que yo y por lo tanto sigo aprendiendo ¿A poco no es más que afortunado esta situación? ¿Verdad que sí?

Y, he leído algo sobre la vejez, como eso de “Nunca te lamentes que te estás haciendo viejo, porque a muchos se les ha negado este privilegio”. Pero, como “contra” está aquella que en otras ocasiones les he platicado que se la inventaron los griegos de la antigüedad: “A quienes los dioses aman muere joven”. Pero, no le hace que no me quieran los dioses, realmente sigo gustando mucho de la vida y aunque a veces nos tocan tiempos “interesantes” como estos del presente ¡No le hace!, hay que seguir viviendo. Total, como me decía uno de esos eruditos amigos que Dios me regaló con su presencia, el inolvidable Dr. Alejandro Córdova Córdova: “Si de algo podemos estar seguros en esta vida licenciado, es de la impermanencia”. Y nada más acertado que tal decir, pues en la vida ¡Gracias a Dios!, todo es cambiante, a excepción de la impermanencia, pues podemos dejar de ser o permanecer en menos de lo que esperamos.

Pero, en tanto llegan esos momentos que tan magistralmente dejara mi cuate Antonio Machado muy bien detallado en la última estrofa de su poema “Retrato”: “Cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar” (¿A poco no estuvo inspirado mi gran cuate cuando escribió tan prolijo cuanto bello poema?). No obstante deseo al menos se me conceda vivir hasta los 80 años, pero eso si gozando de regular salud para no tener que dar molestias. En tanto llega el día de ese viaje, espero seguírmela pasando en forma tan capulina como me la he pasado hasta el día de hoy.

PERDER LA VIDA ES INEVITABLE, PERDER EL TIEMPO ES IMPERDONABLE (FRAGMENTO)

Y no presumo, echo un vistazo retrospectivo a mi paso por este mundo y doy gracias a Dios por haber sido siempre amable conmigo, pues incluso, como dice ese otro poema al que tanto hago referencia de Amado Nervo: “Sin duda hallé largas las noches de mis penas, pero tuve otras santamente serenas”. Les puedo asegurar que yo no sólo he tenido noches largas y otras santamente serenas sino otras ¡Nada santas!, pero eso sí ¡Muy a todo dar por la mundanalidad prevaleciente en ellas! ¿A poco no es eso padre? Pues dentro de un mes estaré ¡Primero Dios!, ¡¡¡Brindando por ello!!!

¡ARROZ QUE ESTOY A DIETA!

Y, apelando a otro poema, el de “La noche quedó atrás”, de William Ernest Henley, aquí les presento la última parte: “No importa cuán estrecha será la puerta. / Ni que me halle abrumado de castigos: / ¡Soy capitán triunfante de mi estrella y el dueño de mi espíritu!”.

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