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Artemisia Gentileschi fue una artista de excepcional talento.

“Cerró con llave la habitación y después me tiró sobre la cama, inmovilizándome con una mano sobre el pecho y poniéndome una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos y me levantó las ropas, algo que le costó muchísimo trabajo. Me puso una mano con un pañuelo en la garganta y en la boca para que no gritara (…). Yo le arañé el rostro y le tiré del pelo”.

Es el relato de una violación. De una agresión sexual que tuvo lugar hace más de cuatro siglos, concretamente en el año 1611.

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Su obra más famosa es “Judith decapitando a Holofernes” (1612 – 1613).

La mujer que la sufrió se llamaba Artemisia Gentileschi y fue una artista de excepcional talento, como lo demuestra el hecho de que fuera la primera mujer en conseguir entrar en la Academia de Bellas Artes de Florencia, la misma institución por la que pasó Miguel Ángel.

Pero Artemisia no sólo fue violada, no sólo tuvo que aguantar ver como su agresor no cumplía ni un solo día de cárcel y su testimonio sobre la agresión era puesto abiertamente en duda. También padeció la indiferencia y el rechazo del mundo artístico de su época por el hecho de ser mujer, pasó por la humillación de que muchos de sus cuadros fueran atribuidos a su padre o a otros artistas varones y durante siglos aguantó el ser considerada como una mera curiosidad, como una rareza tan exótica como menor dentro de la historia del arte.

Aprendió a pintar en el taller del padre, bebiendo a borbotones del naturalismo típico de Caravaggio (dicen que ambos artistas llegaron incluso a conocerse en persona) e impregnándose de su dramatismo y de sus fuertes contrastes cromáticos.

Pero, sobre todo, fue a raíz de que en los años 70 el movimiento feminista convirtiera a esta artista en un símbolo de la lucha de género que Artemisia finalmente resucitó.