Uno más de los excesos de la tecnología

Dr. Armando Rojano Uscanga

Tienen cierta razón los que dicen que la tecnología nos vuelve inútiles, que los seres humanos ya no caminamos, ni cargamos, ni pensamos, porque para todo hay máquinas que nos sustituyen y luego las culpamos de la falta de empleo. Un buen ejemplo es Juicero, que nació en el Olimpo de la tecnología, Silicon Valley, de donde salen las más innovadoras ideas del planeta.

Se trata de un exprimidor de una bolsa, que se vende en 400 dólares. Sus creadores quisieron revolucionar la forma de hacer zumo y terminaron haciendo algo innecesario, pero que consiguió 120 millones de dólares de financiamiento.

Doug Evans, fundador de la compañía, llegó a compararse con Steve Jobs en su búsqueda de perfección y Google fue uno de los inversores que financiaron su máquina estrujadora. Pero cuando el producto llegó al mercado alguien tuvo el genial impulso de apretar la bolsa de jugo con las manos, el resultado fue sorprendente… era igual, pero 400 dólares más económico, y el jugo fluyó de manera sencilla y rápida hasta un vaso.

Juicero sólo provee el jugo envasado a quien previamente ha adquirido el exprimidor, cada paquete cuesta entre 5 y 8 dólares de cada bolsa, lo que resulta caro, pues sólo se extraen unos 220 mililitros, el equivalente a un vaso y, al ser perecederos, sólo se distribuyen de manera local. La máquina ha bajado de precio, ya que en su lanzamiento, llegó a costar cerca de 700 dólares.

El dispositivo también lee un código QR impreso en la parte posterior de cada paquete y comprueba la fuente contra una base de datos online, para asegurar que el contenido no ha expirado o ha sido retirado del mercado, aunque la fecha de vencimiento también se imprime en el envase. Total, pagar por no usar las manos para exprimir una bolsa y no leer las etiquetas.