Lic. Guillermo Ingram

Son actos de salvajismo y fanatismo esos “Vía Crucis”, que incuestionablemente manifiestan la ignorancia de quienes lo practican y la perversidad de la Iglesia por fomentarlos y hasta coordinarlos. Eso de ver a seres humanos caminando descalzos con los pies lastimados y castigando sus cuerpos e ir regando sangre ¡Espantoso acto sadomasoquista que ni bajo los efectos del vino de la Última Cena se le hubiese ocurrido a Cristo recomendar practicar tales horrores! Eso no le pide nada al “A Qaeda”. De mera chiripa me topé con este horroroso cuadro buscando un restaurante el Viernes Santo en Celaya, vi a un grupo de muchachos cargando estandartes con las letras “SPQR”, y por mera curiosidad pregunté a uno de ellos si sabía el significado de tales letras y me respondió, como si se tratara de un acarreado a un mitin político: “No sé, me lo dieron en la iglesia para que lo cargara”. Agradecí el cometario y seguí mi camino.

¡NADA QUE VER EL SPQR CON LA SEMANA SANTA!

“SPQR” es el acrónimo de: “Senatus Populusque Romanus”, máxima expresión política en los tiempos de la Roma republicana y luego en la Imperial, que cita la máxima autoridad de tales épocas: “El Senado y el Pueblo Romano”; hoy es el emblema la capital de Italia. O sea, el tal estandarte era o porque los romanos sacrificaron a Cristo a solicitud de los sacerdotes del Templo de Jerusalén o porque tal vez algún “organizador” pensó se veían bonitos y hasta misteriosos. Pero que yo recuerde jamás se hace referencia a este acrónimo en el Nuevo Testamento. Y si mal no me acuerdo, tales estandartes se mostraban en los desfiles triunfales de os generales o emperadores en turno en la Ciudad Eterna ¿Qué diablos hacen en una marcha fanática de la Iglesia? O tal vez se los fusilaron del Arco Triunfal de Tito que existe en Roma, construido para conmemorar el triunfo de él y su papá el emperador Vespasiano en la destrucción de Jerusalén en el 69 D. C. No recuerdo haber visto tal estandarte en las alegorías de la toma y saqueo de Ciudad Santa en el mencionado arco, me quedó muy claro el menorá ahí esculpido, el candelabro de 7 brazos que se ve cargado entre otras cosas por la soldadesca.

Me impresionó bastante esta demostración de ignorancia, como en su momento sucediera hace como 40 años cuando observé otro Vía Crucis en Taxco ¡Horrible!

ESTE ES EL JESÚS QUE A MI ME GUSTA ¡EL JESÚS DE LA VIDA! ¡EL JESÚS DEL PERDÓN Y EL AMOR!

Ante tanto espanto, dolor y fanatismo, definitivamente yo también me quedo con el Dios de Spinoza, ese al que seguramente le compuso o le inspiró cuando lo leyera mi cuate Antonio Machado componer su poema “La saeta”, al musicalizarla  Juan Manuel Serrat: “¡Oh, la saeta, el / cantar al Cristo de los gitanos, / siempre con sangre en las manos, / siempre por desenclavar! / ¡Cantar del pueblo andaluz, / que todas las primaveras / anda pidiendo escaleras / para subir a la cruz! / ¡Cantar de la tierra mía, / que echa flores / al Jesús de la agonía, / y es la fe de mis mayores!  ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero a ese Jesús del madero / sino al que anduvo en la mar!”.

¡ESE ES EL CRISTO QUE ANDUVO EN LA MAR!

Precisamente, hablando del “Jesús de la mar”, conservo como oro en paño un cuadro que me regalara el Padre José Garfias Vázquez (QEPD) ¡Uy, esto hace como más de 20 años! Es copia de un original que él me mostró en la Divina Providencia, en donde se ve a Jesús a la orilla del Mar de Galilea llamando a Pedro a que se convirtiera en “pescador de hombres” ¡Preciosa pintura! Recuerdo alabé mucho lo artístico de la obra y a los pocos días me llamó el Padre Garfias y me obsequió con la copia que poseo. Bueno, pues ese es el Jesús con el que yo también comulgo.

Y creo, el Padre Arturo, mi gran amigo, confesor y guía espiritual, intencional o intencionalmente fue al Jesús que nos enseñó a ver y admirar a toda la bola de chamacos mugrosos que fuimos a la “Doctrina” con él, he hicimos la Primera Comunión también con él.

Pues el Padre Arturo nos enseñó a querer a Cristo por la bondad de y en Él, no porque nos infundiera miedo o terror ¡Para nada! El Padre Arturo siempre evitó hablarnos del infierno; él es un biofilio a ultranza o sea ¡Ama a la vida! Y siempre es y ha sido muy a todo dar y gran guía con sus feligreses. Por cierto, sí está malito el Padre Arturo, pero, mañana les  platico más.

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