Papel Social

Iniciativa "Última Generación" y el cautiverio de las especies marinas

Jueves 20 abril 2017, 8:41:20 am

Javier Herrera Borunda

El respeto a la vida animal es propio de una sociedad civilizada. Así como exigimos respeto a los derechos de las personas, debemos reclamarlo hacia los animales y no caer en conductas discriminatorias hacia ellos por el simple hecho de no pertenecer a nuestra especie. Aunque los animales no gozan de la capacidad de razonar, cualidad especial de los humanos, son seres vivos con capacidad de sentir porque poseen un sistema nervioso, y de experimentar sensaciones como sufrimiento o bienestar.

En el Partido Verde Ecologista de México consideramos la vida animal en cautiverio una transgresión a los derechos animales al obligarlos a vivir fuera de la libertad y seguridad que les proporciona su hábitat natural, y ser sometidos a confinamiento y técnicas de adiestramiento que limitan su propio desarrollo en beneficio de particulares. Por estas razones nuestra fracción parlamentaria en la Cámara de Diputados, en coordinación con las de los partidos Revolucionario Institucional, Nueva Alianza y Encuentro Social, presentó al Pleno el pasado 6 de marzo la Iniciativa de reforma el cuarto párrafo del artículo 60 Bis de la Ley General de Vida Silvestre para resolver en el mediano plazo estas irregularidades. Lamentablemente no pudo ser votada por la falta de quorum al ausentarse de la sesión los grupos parlamentarios de algunos partidos políticos. Hoy será presentada de nueva cuenta en el Pleno.

Esta Iniciativa tiene por objetivo regular los delfinarios establecidos en nuestro país con objeto de proteger a los mamíferos marinos de su extracción del medio natural, así como garantizar que los que se encentran en cautiverio sean mantenidos en las mejores condiciones posibles, respetando al máximo sus necesidades físicas y sobre todo evitando cualquier dolor o riesgo en la ejecución de las actividades relacionadas a la exhibición e interacción con seres humanos en espectáculos.

Para tal efecto se prohíbe el uso de mamíferos marinos en espectáculos fijos, ya que actualmente sólo existe esta restricción en itinerantes, y para ello se establece un régimen transitorio denominado “Última generación”, en donde las especies que actualmente se encuentren en cautiverio continúen realizando actividades de exhibición e interacción hasta su muerte, proporcionándoles las mejores condiciones de vida posibles haciendo más estrictas las obligaciones de los poseedores de dichos animales. Se prohíbe la reproducción en cautiverio ya que no es viable seguir condenando a estas especies marinas a actividades antinaturales. Los estudios científicos muestran que un mamífero marino que nace en cautiverio no puede ser reincorporado a su hábitat natural porque lo desconoce y no cuenta con los mecanismos de defensa que ello requiere.

Se busca poner fin a los delfinarios de manera responsable, entre otras causas, por el maltrato y estrés al que se someten estos animales. El delfín en su hábitat natural recorre diariamente más de cien kilómetros en los océanos, mientras que en cautiverio no puede nadar más de dos kilómetros encerrado en un estanque. Por otro lado, los delfines son víctimas de sistemas de manipulación y adiestramiento para realizar actividades que no corresponden a su vida natural desarrollando en ellos reflejos condicionados que sin duda les causan angustia, lo que da como resultado que se reduzca a menos de la mitad su esperanza de vida. Un delfín en cautiverio vive en promedio veinte años mientras que en libertad puede vivir hasta cincuenta.

Los delfines, así como otros mamíferos marinos y algunos primates, poseen coeficientes intelectuales excepcionales. Tienen consciencia de su ser y su existencia y en el caso del delfín resaltan el tamaño y desarrollo de su cerebro y las habilidades que desarrollan. Existen estudios que informan que frente a un espejo, a diferencia de otras especies animales, se reconoce a sí mismo, lo cual es una definición de identidad y ello le permite comprender su entorno. Como consecuencia de los trastornos que sufren en cautiverio, los delfines se auto-flagelan, emiten sonidos de auxilio, y han llegado incluso al suicidio.

De acuerdo a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, con datos actualizados a julio de 2016, en México viven en delfinarios 396 mamíferos marinos. De ellos 320 son delfines y el resto son leones marinos, ballenas y manatíes. Estos datos indican que nuestro país concentra el 8% de los delfinarios del mundo y tiene la industria de cautiverio de delfines más grande de Latino América.

Hemos mantenido por años una forma de diversión para los humanos a costa de seres vivos no racionales que no pueden argumentar su defensa. Me pregunto, ¿es esto justo? Tenemos que tomar conciencia de que lo que vemos en estos espectáculos no son conductas naturales de esos seres vivos, para lograrlas son condicionados a través de estímulos y castigos. Este tipo de explotación animal es un negocio lucrativo, genera ganancias para unos cuantos empresarios por encima de 2,400 millones de pesos al año. Capturar un delfín cuesta en promedio 50 mil pesos y ese animal en cautiverio puede generar a sus dueños hasta 30 mil pesos diarios.

Existen 35 delfinarios en el país, la gran mayoría concentrados en el estado de Quintana Roo que dan empleo a más de tres mil personas que fácilmente pueden ser absorbidas por el mercado de trabajo. Nuestra propuesta habla de una última generación en cautiverio, lo cual implica un plazo de 25 años para buscar modelos de negocio que no impliquen el maltrato animal y el cautiverio para la diversión. Sólo buscamos erradicar un espectáculo cruel.

Bien decía Mahatma Gandhi que “una sociedad puede ser juzgada por la forma en la que trata a sus animales”. La lucha que estamos proponiendo es por recuperar nuestra integridad humana a través de la dignidad de los animales; alzamos la voz por los que no la tienen.

herrera.Borunda@gmail.com