Por Rodolfo Herrera

La detención del ex gobernador de Veracruz Javier Duarte de Ochoa, ayer en república de Guatemala, fue motivo de celebración nacional, como pocos prófugos en la historia de México.

Hay muchos detenidos y procesados en el país, pero Javier Duarte se convirtió en el icono representativo de la corrupción y el abuso de poder, los paladines de la justicia, de todos los partidos incluso el PRI, lo ven como el máximo logro del sexenio.

Y el júbilo en las redes sociales fue avasallador, continuo, constante, el twitazo, el hashtag, el feisbukazo, el watsapp, hasta que las redes y líneas estuvieron saturadas por varias horas.

A nivel nacional, los medios de información nacionales y extranjeros dedicaron varias horas al tema, parecía que por momentos se agotaba la conversación, pero esta seguía en la remembranza de su fallecido padre, su lugar de nacimiento, las escuelas donde estudió, su familia, sus suegros, no hubo descanso en el tema e incluso preguntaban a la audiencia que si tenían una opinión la hicieran saber en redes sociales.

No importó que fuera sábado de gloria, ni la postrimería del sacrificio más conocido en la historia del mundo, hubo un espacio lo suficientemente amplio para seguirle sacando jugo a la pasión de Duarte.

Y por supuesto que la venganza ciudadana se reflejó en los memes publicados en redes sociales, no hubo perdón ni restricción al merecido linchamiento social en sus muy variadas expresiones.

Y como suele suceder, sus amigos, los que se vanagloriaban con su amistad y se regocijaban de sus ocurrencias, los que aplaudieron el haber entregado la caña al senador que lo reconoció como su jefe político, los que en fiestas le decían “papi”, los empresarios que hicieron negocios con él, todos, absolutamente todos guardaron silencio, como el avestruz, mejor escondieron la cabeza.

Los políticos que lo esperaban varias horas en el aeropuerto para lograr su bendición, los que lo corretearon para alcanzar una candidatura, los que le metieron mano de lo lindo al cajón, los que se hicieron millonarios, los recipiendarios de favores, los que permitían que adornara con su presencia sus exclusivas fiestas, todos han volteado para otro lado, es más, ya no lo conocen.

Las escasas imágenes difundidas dejan ver a un Javier Duarte tranquilo, muy quitado de la pena, como quien sabe que ni era tan perseguido ni tan buscado, como para transitar libremente de un país a otro sin la mínima precaución de todo prófugo.

¿Y qué sucede con los integrantes de esa mesa de la hipocresía conocida como la Conferencia Nacional de Gobernadores, la Conago, de la cual Javier Duarte fue presidente? ¿No lo conocían esos gobernadores de todos los partidos? ¿No hubo uno con dignidad que dijera yo no me siento presidido por ese gobernador tan señalado? En la próxima reunión solo se verán las caras los unos a los otros, sabiendo que varios están por pasar la misma situación.

En los próximos días, veremos a quién se le atribuye la detención como botín de guerra, a la federación o al Estado, pal caso da igual, Duarte ya está detenido, ya son 13 gobernadores procesados y tal parece que en los próximos meses podríamos ver otros más.

QUE BEBAN EL VASO DE AGUA

Y de repente, los políticos salieron a defender lo indefendible, panistas y verdes se tiraron al mar para demostrar que las aguas de Veracruz no están contaminadas.

La verdad que el oportunismo de estos fulanos no tiene límites ¿Con qué autoridad se meten al agua para salir a decir que no hay contaminación?

Para salir de dudas hay una propuesta más inteligente: Que públicamente se metan al mar en Playa Norte, Villa del Mar, las playas de Martí y beban un vaso de esa agua, con toda confianza, si no está contaminada nada les pasará. ¿Se atreverán?

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