Lic. Guillermo Ingram

(Enviado por un amigo, texto adaptado y matizado lo mejor que pude a mi augusta madre)

Todo lo que necesité siempre saber, lo aprendí de mi madre, ella me enseñó a apreciar un trabajo bien hecho: “¡Recabrones! ¡Con una fregada!, acabo de trapear el suelo ya lo dejaron como sus narices”. Ella me enseñó religión: “Reza y ruégale a Dios porque no me den otra queja de ti en la escuela ¡Cabrón!”. Ella me enseñó lógica: “¡Sigue de llorón y te voy a dar otra pela para que llores de verdad!”. Mi madre me enseñó a predecir el futuro: “¡Vas a ver lo que te va a pasar en cuanto lleguemos a la casa!”. Ella me enseñó sin proponérselo la influencia de la genética: “¡Saliste a tu tío Wily! ¡Igualito, y eso que no lo conoces –lo conocí aproximadamente a los 17 años de edad-!”. ¡Mmmm! ¡Me enseñó a ser ahorrativo!: “¡Ahórrate las lágrimas para cuando yo me muera!”. “En su infinita sabiduría me enseñó osmosis: “¡Deja de hablar, cierra la trompota y come!”. ¡La versatilidad de mi madre me enseñó contorsionismo!: “¡Sigue de hocicón y te voy a voltear la boca a la nuca del madrazo que te ponga!”. ¡Su firme carácter me enseñó fuerza y voluntad!: “¡Te aguantas, te aguantas, te dije la sopa estaba caliente!”. ¡Mi madre hasta sabía de meteorología!: “¡Te van a llover madrazos donde saques menos de nueve en la escuela!”. También fue una maestra de la mesura y la paciencia: “¡Vamos a ir a la zapatería y te quedas con lo que te compre o no hay zapatos!”. ¡Como una gran mentora me enseñó lo trascendente del estudio!: “Y si no estudias, te largas a trabajar porque ¡Aquí no se mantienen panzas aventureras!”. Fue una gran maestra de ventriloquia: “¡Te callas la bocota y me dices porqué vienes descalabrado!”. Como toda madre era muy sabia y me enseñó principios de odontología: “¡Sigue de contestón y te voy a volar los dientes de un bofetón!”. ¡Aaaah! Así era mi madre, y me enseñó rectitud: “¡Párate bien derechito o te enderezo a punta de jodazos!”.

¡Gracias mamá! ¿A poco todas las mamás no son ¡A toda madre!? ¡Felicidades en su día!

¡AAAAAH! MI MADRE ¡CUAN GRANDE MADRE TUVE!

Sí, hay una tremenda diferencia en cómo fuimos educados los “ancianos” de hoy, en comparación con los que hoy andan entre sus 40s, 30x y ni se diga los 20s de edad ¡Un abismo! Pero hoy a lontananza de la vida ¡Qué divertido fue ser educado así por nuestras egregias autoras de nuestros días! ¡Y cuando se les ocurría revisarnos la tarea! Porque cabe aclarar que ellas no nos enseñaban absolutamente nada, se concretaban a ¡Revisar y se acabó!, no como ahora están las mamás haciéndoles las tareas a los hijos o todo lo encuentran en las compus o los celulares ¡Noooo!, cuando de pronto se inspiraba mi madre, decía: “¡A ver Wily, tráete las “tablas” de sumar!”. Y a la de producto de gallina debía uno llevar el cuaderno de cuadros, que en la pasta trasera traía las “tablas” y ¡En la madre donde fallara uno una cifra! Chancla en ristre le daban a uno una sesión de pedagogía que ¡Jamás se nos olvidaron las “tablas”! Y hoy no me considero ni traumatizado ni nada por el estilo, al contrario me da risa acordarme de mi madre haciéndola de mentora. ¡Y de más niño la pinche “cartilla”, también llamada “silabario”! ¡Horrible!, de memoria el “cajoncito” y el abecedario, amén de tener que leer las palabras ya formadas con todas las letras, según las fuera escogiendo mi madre al azar ¿Se acuerdan? ¡FUE DIVERTIDO! Más aún recordarlo hoy.

GENIO Y FIGURA…

De adulto siempre amenazaba a mi augusta madre con cobrar venganza aplicándole las mismas “técnicas pedagógicas” empleadas por ellas en mí”, si no aprendía ella el manejo de la computadora ¡Excuso decirles hasta a donde me mandaba! Con la amenaza de enviarme todavía más lejos, amén de “¡Te voy a entrar a madrazo limpio!”, mostrando amenazante el puño levantado (y tenía la manita bastante pesada mi reverendísima madre) ¡Qué risa me da acordarme! Uno de los últimos regalos que le di fue una máquina de coser computarizada, se la adaptaron de forma tal que sólo debía de apretar un botón para que cosiera, era todo lo que debía hacer. Pues ella, como buena señora de su generación, tuvo su máquina de coser de pedal y después la eléctrica, que se accionaba presionando un botón con el zapato en un dispositivo en el suelo, pero ella ya no podía accionar este dispositivo. Pero con la computarizada se defendió como correspondía a su talante de lideresa.

“¡ESE ERA EL PAN QUE LE GUSTABA A MAMITA!”

Hoy solo me río (lo cual estoy haciendo ahora), al acordarme de todo ese sin fin de maldades que mutuamente nos hacíamos, pues ella JAMÁS fue de arrumacos, fue de tomahauk en ristre. Como correspondía a su genio y figura.

¡FELICIDADES A TODAS LA MAMÁS Y A QUIENES AUN LA TIENEN!

Disfrútenlas, mímenlas, abrácenlas, porque una vez que se van ¡Se fueron! Y quienes no las disfrutaron o las apapacharon ¡Se quedan con las ganas y un tremendo sentimiento de orfandad! Que este  último sentir de todas formas se experimenta, pero, cesa pronto si se tomó uno el tiempo en estarlas “fastidiando”, como yo a la mía.

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