Lic. Guillermo Ingram

¡Pasu mecha! ¡Qué calor tan espantoso! Hasta en los grandes negocios en donde siempre hay una temperatura grata en función a los grandes aparatos de aire acondicionado que tienen trabajando todo lo que dan la temperatura no es acogedora. Por lo tanto, creo urge ya buscar a alguna víctima propicia a fin de hacer un sacrificio a Tláloc, el dios del agua de nuestros ancestros indígenas. Esto en función a que debemos de agotar todos los recursos e instancias a fin de hacer que llueva, pues seguramente con un buen chubasco se podrá disipar este espantoso calor que ya tiene muchos días está privando, no solo en la entidad veracruzana, sino en una muy buena parte del territorio nacional.

ESTO YA NO ES CALOR, ES OTRA COSA…

No, realmente, lo que ahora tenemos en Veracruz no es una “ola de calor” ¡Es una auténtica mentada de madre! Por lo tanto, urge que llueva cuanto antes y por lo que parece ¡No hay trazos de que esto suceda pronto!, luego entonces, volvamos a lo añejo y realicemos el sacrificio en cuestión ¿A poco no? Total, hay material de sobra al que el pueblo gustoso acudiría a ver cómo los ofrenda en gloriosa ofrenda propiciatoria.

LOS QUE NO SE LA ACABAN SON LOS “CHILAQUILES”

La cosa está tan canija que en la Ciudad de México la calidad del aire está por los suelos que ya van dos cifras de autos a las que aplican el “no circula” en lugar de a una sola. O sea, todo está que arde, sino es que peor de lo que creemos. Ahí si deben de estar que trinan los “chilaquiles”, pues las partículas flotando en el aire que respiran, no solo se tratan de las provenientes del humo de los escapes de los vehículos que circulan diariamente en esa híper-mega-metrópoli, sino de las toneladas de caca que día a día se volatilizan y como por la acción de aire vuelan en calidad de “polvo” a la atmosfera, los “apreciados” chilangos también meten a sus pulmones y organismo en general una buena cantidad de caca a través de las vías respiratorias. Se trata del excremento de los miles de perros y demás mascotas que andan en la vía pública y defecan en la calle, así como un sinfín de habitantes de esa increíblemente grande ciudad que ¡Abonan el pirul a pleno llano! Y luego tan portentosa mercadería se hace polvo y ¡Va’riba! A esto se le debe de agregar la gran cantidad de animales (perros, gatos, ratas, etc.), que son muertas por atropellamiento o aplastadas en la vía pública y que nadie las recoge y en menos de lo que canta un gallo son volatilizadas por la acción de los demás vehículos que les van pasando por encima hasta que en breve lapso ya no hay nada de esos animales en el asfalto.

Por ejemplo, la terrible, temible y espantosa Calzada Zaragoza (que creo no le falta mucho para llegar hasta Puebla), por ahí circulan no solo miles de vehículos de todo tipo, tamaño y sabores, sino deambulan también seres humanos y una enorme cantidad de mascotas de todo tipo, de las cuales muchas e infinidad de ellas son atropelladas y muertas, llevándose casi en automático la acción volatilizadora y todo lo que en su momento fue un perro, un gato o lo que fuera, queda convertido en polvo y las corrientes de aire de los mismos vehículos hacen lo demás para lanzar todo el producto convertido en polvo a toda esa masa chocolatosa que en la Ciudad de México respiran sus habitantes y visitantes.

ES CONTAMINACIÓN Y ¡CON CALOR! ESO SI ES ESTAR JODIDO

Y además de lo anterior, los “chilaquiles” padecen calor ¿Cómo la ven?, por lo tanto, dentro de lo “peor” que estamos en Veracruz, apelando al lema de “mal de muchos consuelo de tontos”, firmemente creo si nos echamos un comparativo con los aguerridos habitantes del Distrito Federal, sin duda alguna los que habitamos la muy sufrida provincia mexicana, estamos mucho mejor que estos pobres cuates.

¿QUIÉN QUIERE IR INTEGRANDO EL COMITÉ ORGANIZADOR?

Pero en fin, dejemos a los chilangos con su padecer y concentrémonos en los nuestros, comenzando por el hipercalorón que padecemos ya desde hace varias semanas, por lo pronto, propongo ir planeando el sacrificio a Tláloc, solo falta encontrar a la víctima propicia o de plano organizar una “guerra florida” como la que se aventaban los aztecas vs. Tlaxcaltecas para hacerse de prisioneros ambas partes para tener material para sacrificar a sus deidades.

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