Sin duda alguna el común denominador de las nuevas administraciones gubernamentales en los países industrializados del mundo, también llamados del Primer Mundo, estén radicalizando las leyes migratorias hacia sus territorios tratando de limitar este movimiento humano que prácticamente ha sido el fundamento de la creación de la población en todas las naciones del mundo.

Claro, se debe de mantener un control respecto a quienes ingresan a los territorios nacionales, pero de esto a radicalizar las medidas hay mucha distancia. Como lo tenemos muy en cuenta en la actitud que a partir del inicio de la actual administración presidencial del señor Trump, hasta en forma grosera se está tratando a la comunidad mexicana en territorio norteamericano y ni se diga con las nuevas disposiciones que hay en la embajada y consulados dentro de nuestro país en donde se lleva a cabo la expedición de las visas de turistas. Incluso, el mismo turismo mexicano hacia el territorio de los EUA ha disminuido precisamente por estas nuevas actitudes y quien está resultando perjudicado, es, no el turismo mexicano, sino los ciudadanos norteamericanos dedicados a atender turismo en su territorio, así como principalmente las tiendas allende de nuestra frontera norte, en función a que las tiendas de todo tipo en la frontera sur norteamericana está resintiendo esta caída del turismo mexicanos, pues se hace notorio en las ventas en estos establecimientos en virtud a que han observado una baja sustancial a la de otro años.

Sobre todo ahora con la aprobación de la llamada Ley SB4 a propuesta del gobernador del estado fronterizo de Texas, EUA, el señor Greg Abbott. En donde se existe la amenaza en contra de las llamadas ciudades santuarios dentro del territorio texano, así como también el que la policía tendrá ahora facultades para poder intervenir e interrogar a las personas, independientemente de si comentan delitos o no, para investigarles su estatus migratorio, solamente ante la presunción de que por su aspecto ellos apliquen el criterio se trate de inmigrantes ilegales.

Todo esto incuestionablemente genera, no sólo una condición criminalizante para todo aquel individuo con aspecto mexicano o “latino” como lo califican en los EUA, lo cual incuestionablemente se está tratando de la imposición de una medida de extracción cien por ciento racista y que en lo absoluto guarda distancia alguna en aquellas que imperaron en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, en la cual tuviera una muy loable intervención en la defensa decidida a favor de los principios humanos y humanitarios por parte de los mismos Estados Unidos de América.

Sí, es fundamental que toda nación tenga y posea la forma de derecho para regular los flujos migratorios, pero esto se debe de hacer en función al Derecho Natural o de Gentes, no en función a corrientes o modas de tipo político que afectarían finalmente a un sinfín de personas que solamente se están dedicando a trabajar y no a delinquir, e incluso también en el país en donde se lleven a la práctica, pues se vería incuestionablemente el prejuicio del racismo que tan criticado ha sido de siempre e incluso es una bandera que han enarbolado los mismos Presidentes norteamericanos, como el inolvidable John F. Kennedy.